La historia de El Grito es la historia de much@s chic@s amantes de la música, en especial la música hecha en su lugar de origen; es decir, la música peruana.

Esta historia se remonta a la época escolar, en la que uno vive sus primeras experiencias en conciertos. Conocer el punk y el do it yourself o hazlo tú mismo causó una revolución en la vida de los jóvenes amantes de la música, entre ellos Vejota, creador de El grito.

«A partir de allí hacer fanzines, vender chapitas, discos, polos, parches, tapes y más fue la vía como financiamos las entradas a conciertos, al cine independiente, a los recitales de teatro, a obtener más discos, más tapes, más vinilos. Poco a poco fueron dándose las cosas, primero con nuestra tela afuera de las tocadas, después con nuestra mesa en las ferias de pulgas, después tener nuestra tienda en Galerías Brasil, llegar a Quilca, llegar a Villa El Salvador, Lima Norte, Huancayo…”.

El ideal de El Grito es ser un punto de (contra) cultura y la cultura siempre debe estar en movimiento. El Grito ha tenido locales por todo Lima y ha visitado casi todas las ciudades del Perú, llevando toda su merch con el fin conocer otros “locos como nosotros”. Si no puedes ir a El Grito, El Grito va a ti.

En El Grito encontrarás desde las canciones más dulces, hasta los gritos más extremos; desde cumbias tropicales hasta electrónica experimental. “Nuestro amor es por los sonidos, no por los géneros”, afirma Vejota.

El Grito no es un lugar que ofrece productos, es un lugar que ofrece un servicio: Ser un amigo más que te acompaña y comparte el gusto por las músicas independientes.

En un panorama desolador después de la pandemia solo nos queda “escribir todo de nuevo” y aquí está El Grito, la tienda de rock peruano en Lima, apostando nuevamente por el “Do it yourself”.

“El rock generador de conciencia hizo que queramos ser parte activa de un movimiento y aquí estamos ocho años después, aunque sabemos que será por toda la vida, una vida sobre un sueño”.

Somos El Grito, seámoslo siempre.

Sigue a El Grito en su espacio en Mercado Cachinero. ¡Pasa la voz!